Ahí estaban ellos, a solo horas de que todo pasara.
Nadie sabia pero todos sospechaban.
En esa mesa, él sonreía... ella callada.
El la miraba, ella aguantaba.
Un juego, cuatro tragos, muchos cigarros; a ella no le importaba nada.
Las horas pasaban, pero ya nadie hablaba.
Simplemente, ella se levantó y se despidió.
El, pocos minutos después, la siguió.
Algo cambió horas después.
El secreto surgió; cómplices de la oscuridad.
Nadie hablaba, nadie existía.
Llegó la mañana, el frío, la preocupación, pero él.
Un cigarro, un café.
La gente no entendía el por qué.
Me encantó. Es perfecta!
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